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Mención aparte merece la Villa de La Orotava, donde se encuentran nuestras casas señoriales, centros artesanos y de gastronomía. El titulo de Villa, obtenida por Real Cédula del Rey Felipe IV el 28 de Noviembre de 1684, enorgullece justamente los vecinos que ofrecen al visitante su elegante y pulcro casco antiguo, una pequeña joya, perfectamente conservada y mimado sin ahorrar esfuerzos.
Sus orígenes coloniales han dejado huellas tangibles que impresionan el visitante, su fascinación se transmite en las calles y plazoletas de adoquines, en los balcones en madera tallada, en los patios ocultos y sombríos, en sus empinadas callejuelas que ofrecen, improvisos, panoramas majestuosos sobre el Atlántico.
En sintonía con la pasión y el respeto que todos los canarios manifiestan constantemente hacia la naturaleza la Villa luce unos magníficos jardines y espacios verdes, como los jardines del Taoro o el Jardín Botánico de aclimatación, con su riqueza de plantas y flores exóticas, permiten paseos relajantes e instructivos a la vez, así como sus museos, como lo de Artesanía Iberoamericana, ubicado en el ex convento de Santo Domingo.
Fray Alonso de Espinosa en su obra: «Historia de Nuestra Señora de Candelaria», publicada en Sevilla en 1594, hablando de La Orotava y de sus vecinos, decía: «.. la gente más grande y lustre que a la isla vino…”.
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